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Siempre tarde, pero seguro

Como suele suceder, siempre somos los últimos en enterarnos de lo que sucede afuera. Aquí llega todo tarde. Hasta los virus, según Velade, llegan tarde. Pero bien, me he enterado de que una escritora alemana ha ganado el Premio Nobel 2009. Me he enterado por Cecilia, quien con orgullo me ha enviado la nota de prensa. Antes ya Ceci se la pasaba hablando de ella, y por un minuto me detuve a pensar quién era esta mujer. ¿Una astronauta de las letras alemanas acaso? Al parecer mi interlocutora sabía con certeza que Alemania se alzaría con el Premio Nobel.

Ahora Günter Grass, tiene competencia, pues a Hertha Müller sólo se le conoce en el mundo hispano por cuatro obras traducidas al español. Aquí les dejo la nota de prensa:

Fallaron, un año más, las rutinarias quinielas. Ni Philip Roth,
ni Amos Oz, ni Ismail Kadaré, ni Mario Vargas Llosa. La novelista, poetisa y
ensayista alemana de origen rumano Hertha Müller, de 56 años, se ha llevado los
980.000 euros del Premio Nobel de Literatura 2009. La Academia Sueca ha
reconocido su capacidad para «describir el paisaje de los desposeídos» dentro de
una obra que «concentra poesía y franqueza». Es la duodécima vez que la Academia
premia la lengua alemana. Son nueve, en cambio, los escritores alemanes que han
sido galardonados con el Nobel. Günter Grass, en 1999, fue el último en
recibirlo. «Me he quedado sin habla», dijo Müller nada más enterarse de la
noticia.

De prosa «descarnada», pero con «un intenso perfume poético»
-según su editor Michael Krüger-, la obra de Müller simboliza un «grito de
rabia» en favor de las minorías alemanas incrustadas en los países del centro de
Europa. Unos colectivos que, tras la Segunda Guerra Mundial, sufrieron la
opresión y vejaciones de los regímenes comunistas. De las 19 novelas que ha
escrito la flamante Nobel, sólo cuatro han sido traducidas al castellano: En
tierras bajas (Siruela, 1990), El hombre es un gran faisán en el mundo (Siruela,
1992), La piel del zorro (Plaza y Janés, 1996) y La bestia del corazón
(Mondadori, 1997).

Hertha Müller nació el 17 de agosto de 1953 en Nitzkydorf,
cerca de Timisoara (suroeste de Rumanía), una región tradicionalmente
germanohablante. Su padre era un agricultor cuyas propiedades fueron expropiadas
a raíz de la proclamación en 1947 de la República Popular de Rumanía, régimen
dentro de la órbita soviética. Su padre sirvió a las SS alemanas durante la
Segunda Guerra Mundial. Su madre, al concluir la contienda, fue deportada a un
campo de trabajos forzados en Rusia. La escritora quedaría emocionalmente
marcada por todos estos avatares familiares.

Duodécima mujer en ser coronada con el Nobel , Müller estudió
filología germánica y filología rumana, en un intento de tender puentes entre
ambas culturas. Al terminar sus estudios en la universidad de Timisoara comenzó
a trabajar de traductora en una fábrica de maquinaria. Además, formó parte de
una asociación de escritores germanohablantes disidentes, el llamado
Aktionsgruppe Banat. La dictadura de Ceaucescu comenzó a vigilarla. El círculo
se fue estrechando. En 1979 la expulsaron de la fábrica por negarse a colaborar
con la Securitate, la policía política del régimen comunista. Para ganarse la
vida comenzó a dar clases de alemán.



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1.- De lectura previa en un bus de Managua

¿Se puede leer en el bus? A muchos escritores no les gusta escuchar esa pregunta. Conozco bien a personas, no muy bien informadas, y astutas que dicen que leer en el bus resulta ser un acto pretensioso. Yo diría mas bien que es una pose. "No me gusta leer, porque la lectura es algo intimo, bla, bla". Señores y señoras, la gente no lee en el bus simplemente porque quiere demostrar ser mas culta que la persona que va sentada al lado. A mí me da lástima, no sé, escuchar comentarios ingenuos de que un aspirante a autor no puede llevar la lectura a un grado de placer por el solo hecho de leer ante mucha gente. Y entonces, para qué leen los escritores sus obras frente a la múltitud si el objetivo es comunicar un mensaje. Para bien o para mal, la intención duplica a un solo objetivo: la comunicación. Por ello, una mañana, junto a Cecilia, decidí comprarme un libro, cuyo titulo es "Cuentos breves para leer en el bus" --qué por cierto, se los recomiendo-- y comprobarme a mí mismo que si podia leer en el bus. Pretendí leer los cuentos en una semana, o al menos, uno en cada viaje. Eso me llevaría un mes máximo. Resulta peligroso pensar así, pero es válido. Al final de cuentas terminé leyendo los cuentos, uno por semana y el resultado final fue de que en un bus --en estos de Managua-- al menos se puede leer un cuento completo --breve--, con la algarabía de emociones al pensar que nadie tocará ese espacio, ese momento que es solo tuyo, y que nadie te puede decir nada, porque vos pagastes los dos córdobas con cincuenta centavos, y tenés el total derecho a hacer lo que se te venga en ganas.


¿Qué me dice entonces de leer una novela de 300 páginas en un viaje de Managua al Cuá?




Nota: Este texto vale por seis meses más. Austeridad total.